ALICIA BERMOLÉN, ENTREABRIENDO LA PUERTA A UNA ÉPOCA DEL PEN CLUB

Por Pablo De Vita*
Es Intérprete y Profesora especializada en Lengua, Literatura y. Cultura Francesa. Como tal ha desempeñado su labor junto a muchos de los grandes nombres del universo cultural francés que pisaron suelo argentino. Disertó sobre los grandes autores de expresión francesa del siglo XX como Marcel Proust, Albert Camus, Marguerite Yourcenar e Irène Némirovsky, entre otros. Traductora de varios libros y textos de relevancia en el campo de la filosofía, la narrativa y el ensayo también tradujo al francés al recientemente fallecido José Isaacson, ex presidente del Pen Club / Centro Pen, para Desde el mundo de Borges, editado en versión bilingüe por Corregidor, y confirma que fue mediante su cercanía que se interesó en participar en la vida social de PEN: “Fui vinculada por propuesta del Ing. José Isaacson, lo consideré y sigo considerando un honor y en cuanto a vida social, entiendo que es participar de conferencias, presentaciones de libros y demás actividades afines”, asegura desde su pequeña silueta que engalana un cigarrillo siempre encendido y coronan unos determinantes ojos claros que ratifican en su luminosa expresión el gravitar de sus palabras. A posteriori, y de manera anterior a la gestión de la hoy presidenta emérita Luisa Valenzuela, fue vicepresidente del Pen Club durante la gestión de Beatriz Curia. Con sus reflexiones de un momento de la historia de los 90 años de PEN, Alicia Bermolén permite entreabrir una puerta al pasado de una institución que busca esa comunión de carácter histórico con su propia cronología, a veces dispersa, a veces incompleta. “El rol que debía cumplir, el sentido que tiene una asociación de tipo cultural”, sintetiza al indagarse que sitio ocupó el Pen en su larga trayectoria. En ese crisol de actividades, hoy imposibles de sistematizar, se encuentran las conferencias sobre Horacio Quiroga; Luis Ricardo Furlan y Antonio Requeni disertando sobre “Poesía y testimonio”; el premio Buenos Aires entregado a Gregorio Weinberg en 1998, o al entonces socio Andrew Graham-Yoll en 2004; o la Pluma de Plata que recibieran en diversos años el legendario periodista Jorge Cruz o la investigadora Olga Fernández Latour de Botas. Muchas de estas actividades se realizaron en el Museo Casa de Ricardo Rojas, a diferencia de las acontecidas en el pasado que –en otras ocasiones- observaban sitios menos ilustres: “Conocí a Jorge Calvetti (Maimará, 4-8-1916/Buenos Aires, 4-11-2002) en una de las reuniones del Centro Argentino del Pen Club Internacional, en el restaurant legendario Chiquín de la entonces calle Cangallo al 900 llegando a Suipacha, en 1981. Estaban presentes entonces el Presidente del Pen Club José Isaacson y el asesor permanente Juan José de Urquiza, acompañados de poetas, narradores y académicos como Enrique Anderson Imbert, Antonio Requeni, Adelmo Montenegro, Ricardo Mosquera Eastmann, Fermín Estrella Gutiérrez, Syria Poletti, María del Luján Ortiz Alcántara, Victoria Pueyrredón, Ester de Izaguirre, María de Villarino, Luisa Mercedes Levinson…Una pléyade de lujo.”, confesaría Sebastián Jorgi a un medio jujeño sobre las entregas de los premios Pluma de Plata del Pen Club de los años 80. “Fue muy interesante, conocer a grandes intelectuales, escuchar conferencias que mueven a la reflexión, en cuanto a la parte administrativa, como ser archivo de actas de reuniones y demás, complejo por no haber tenido nunca una oficina o escritorio, lo que significaba unir esos “documentos” a todos los demás de la casa”, confía Alicia Bermolén cuando, si bien del restaurante se pasó al auditorio del Museo, la casa propia seguía siendo una deuda pendiente. Perteneciente a una generación posterior a la evocada en Chiquín, el círculo de personalidades que evoca Alicia tiende puentes de recuerdo con algunos de esos ilustres parroquianos: “Conocí a personas extraordinarias, José Isaacson, su esposa Beatriz Curia, Bernardo Nante, Luis Mario Lozzia, Adolfo de Obieta, entre otros”. Estos nombres serán determinantes en, seguramente, el legado más importante del período: la revista Palabra & Persona, cuyo primer número vio la luz en Mayo de 1997 y donde la experta integrante del equipo coordinador de la Sociedad Latinoamericana de Estudios Camusianos contribuyó con “Albert Camus y el primer hombre”. Las firmas de ese primer ejemplar resumen lo más granado de la tradición literaria donde subyacen Carmen Balzer, Adolfo de Obieta, Raúl H. Castagnino, Bernardo Nante, entre otros, junto a una importante sección de poesía, matriz constitutiva de la expresión literaria desgraciadamente menoscabada en la actualidad por varios sucesos de dominio público, donde se encuentran las firmas de María del Luján Ortíz Alcántara, Orlando Mario Punzi y Luis Ricardo Furlan, entre otros. La revista concretó una decena de números, no sin sobresaltos por las diversas perplejidades económicas de la Argentina, hasta 2007 cuando con el número “Pensar la Argentina” y “Tiempo de violencia”, que fue presentada por Beatriz Curia, Bernardo Nante, José Isaacson y la presidenta del Centro Argentino del PEN Internacional (Asociación Mundial de Escritores), Teresita Frugoni de Fritzsche, se discontinuó. Todo había comenzado hacía una década, a fines de junio de 1997 en el Museo Casa de Ricardo Rojas. En aquella ocasión María del Luján Ortíz Alcántara presentó a Isaacson codirector con Luis Mario Lozzia de la entonces nueva publicación, y a un consejo asesor formado, entre otros, por Adolfo Bioy Casares, Raúl H. Castagnino, Antonio Pagés Larraya, Angel Mazzei y Gregorio Weinberg. “Permitía publicar a quienes tenían artículos, poemas, ensayos, ya escritos y a quienes la leían renovar sus ideas, reflexionar, completar puntos de vista. Esto unido a las actividades semanales en el Museo Casa de Ricardo Rojas daba todo un abanico de la actividad cultural de Buenos Aires a través del Pen Club”, añade Bermolén.
Conocedores de las limitaciones que plantea el universo digital ante la lectura de largos artículos, solicitamos a Alicia Bermolén una definición, si bien compacta, necesaria de por qué consideró que debía unirse y debe existir una entidad como PEN: “Porque permite, estimula, el trabajo intelectual, la difusión de pensamiento e ideas que de otra forma no se conocen”, sintetizó no sin antes disponer de la escena que imaginamos para estas lecturas munidas de reclusión en tiempos de obligada cuarentena: un buen libro, una buena copa, y el humo incesante que acompaña el sabor de una apasionante lectura. La misma que, con su diversidad de estilos y matices, nos involucra a todos.

* El autor es crítico cinematográfico, profesor universitario y periodista cultural. Colaborador del diario La Nación e integrante del consejo de redacción de la Revista Criterio, es Académico de Número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, Vicepresidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y vocal titular de la Comisión Directiva del Centro PEN de Argentina