Lo que está en riesgo no es la libertad de la palabra, sino la responsabilidad en su uso

Desde Centro PEN Argentina saludamos a PEN Internacional en su 99 aniversario. Compartimos una nota realizada a nuestro presidente Gabriel Seisdedos, en donde destaca que: “Lo que está en riesgo no es la libertad de la palabra, sino la responsabilidad en su uso”, y hace un recorrido por la trayectoria de nuestro Centro.
Reproducimos la nota de la Agencia Paco Urondo:
Por Mariano Nieva
El escritor Gabriel Seisdedos, en diálogo con AGENCIA PACO URONDO, reflexionó entre otros temas sobre la creación y el rol del Centro PEN (Poetas, Ensayistas y Narradores) en nuestro país que preside desde 2019. Conversó sobre la importancia del compromiso político de los intelectuales a través del tiempo y la responsabilidad en el uso de la palabra, sobre todo, de los grandes medios de comunicación.
AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo se produce el nacimiento en Europa del Centro PEN Internacional?
Gabriel Seisdedos: Después de la culminación de la Primera Guerra Mundial en 1918 lo que hacen los fundadores de PEN (Poetas, Ensayistas y Narradores) es empezar a crear lazos con hombres y mujeres de las letras en los países que los habían roto por estar inmersos en el conflicto mundial. Y fue tan rápida la respuesta, que en menos de tres años se abrieron 15 centros en Europa. PEN que fue fundado en 1921, es la institución de escritores/as más antigua del planeta que el año próximo cumple 100 años.
APU: ¿Cuál fue el nivel de compromiso de los/as escritores/as a partir de esta iniciativa impulsada por los fundadores de PEN?
G.S.: Hubo escritores muy comprometidos como Jules Romains quien estuvo en Argentina en 1936 y que cuando llegaron los nazis a Paris durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y mientras todos/as huían, él se quedó para destruir las fichas de hombres y mujeres de origen comunista o judío que eran a los/as que había que proteger. Además, PEN fue la primera institución de escritores que pidió por el paradero de Federico García Lorca en una carta escrita por el propio H. G. Wells, por entonces presidente de PEN Internacional, dirigida a la junta militar de Granada. Arthur Miller en los ´60 salvó la vida de un escritor nigeriano llamado Wole Soyinka que estaba detenido y que después terminó siendo Premio Nobel de Literatura en 1986. Aunque es cierto que la institución fue muy variada porque estaban por un lado, Pablo Neruda y Thomas Mann entre otros, y por el otro, Mario Vargas Llosa hasta que renunció por el apoyo que PEN dio a escritores catalanes perseguidos durante el franquismo.
APU: Con la instauración del nazismo en Alemania se va a producir un éxodo masivo de intelectuales y la quema de libros. ¿Cuál fue la reacción ante estos hechos del PEN y qué cambios trajo a la institución?
G.S.: En 1933 el nazismo irrumpe en Alemania y entre otras atrocidades, va a cometer la quema de libros. En respuesta y desde el exilio, el escritor alemán Steffan Zweig va a plantear que hay que empezar a comprometerse políticamente con lo que está pasando. Hay que recordar que hasta ese momento, los encuentros del PEN Club siempre habían estado más bien relacionados con la camaradería de sus miembros y no tanto con la defensa de sus Derechos Civiles. A partir de allí, el Centro se va a convertir en un observatorio con un fuerte compromiso en la lucha contra el fascismo. Y en los años 50, comenzará a ser un consultor de la Organización de Naciones Unidas (ONU) con respecto a Derechos Humanos (DDHH) y libertad de expresión.
Los comienzos en Argentina
APU: ¿Cómo y cuándo surge el Centro PEN en Argentina?
G.S.: En 1930, poco antes de la interrupción del proceso democrático y del primer golpe de Estado en nuestro país, es cuando se crea PEN Argentina. El segundo en Latinoamérica después de México que inauguró el suyo en 1923. El novelista Manuel Gálvez fue recomendado por el diario La Nación a través de la familia Mitre fundadora y dueña del medio y elegido el 8 de abril de 1930 como presidente.
Más tarde, Victoria Ocampo que llegó a ser vicepresidenta de PEN, Eduardo Mallea y María Rosa Oliver renuncian en 1937 por la negativa del Centro a condenar el alzamiento franquista en España.
APU: En 1936 se va a llevar a cabo en nuestro país el primer Congreso internacional de PEN fuera del continente europeo. ¿Por qué se eligió la sede en Buenos Aires?
G.S.: El motivo de la elección de Argentina como sede para el Congreso en gran medida tiene que ver con el conocimiento que se tenía desde Europa de la vida cultural que se respiraba en nuestro país en aquel tiempo. Y que representaba gente como Manuel Gálvez, Alfonsina Storni y Victoria Ocampo, entre otros/as.
APU: En esa oportunidad y en el contexto del gobierno de facto de Agustín P. Justo un grupo de escritores/as que viajaron para asistir al Congreso van a intentar en vano visitar a los/as presos/as políticos/as del régimen.
G.S.: Exactamente, cuando escritores/as europeos/as de mucho renombre que estaban de visita en la Argentina piden visitar las cárceles, el presidente de PEN por aquellos años Carlos Ibarguren contra toda lógica, se los prohíbe. El motivo que esgrimió fue que si accedía, el pedido iba a ser tomado como un desaire para el propio Justo que era el anfitrión. Asimismo, hay que destacar que Ibarguren había sido interventor civil de la provincia de Córdoba durante la breve presidencia de Félix Uriburu (1930-1932) además de ser su primo. Lo que significaba además que no era la persona adecuada para presidir el PEN Club.
APU: En tu libro La responsabilidad de la palabra. Nacimiento y apogeo del PEN Club de Buenos Aires 1930-1936 (2017) destacás entre otras cosas la carta de Salvadora Medina Onrubia a José Félix Uriburu.
G.S.: Sí, porque a través del diario Crítica su fundador Natalio Botana y su mujer Salvadora Medina Onrubia, habían promovido y ayudado a que se produzca el golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen. Pero cuando vieron la persecución a intelectuales opositores que se desató luego, rápidamente se pusieron de la vereda de enfrente lo que les valió la cárcel. En ese contexto es que quise destacar el valor de Salvadora al escribir esa extraordinaria carta pública de repudio al presidente Uriburu.
APU: ¿Cómo se vivió desde PEN la irrupción de ese fenómeno de masas que fue el peronismo y que desde entonces se convirtió hasta la actualidad en el gran actor de la vida política de nuestro país?
G.S.: Al comienzo, el nacionalismo de muchos/as de los/as miembros de PEN hizo que estos vieran con agrado la figura de un hombre fuerte como Juan Domingo Perón. Recién cuando son detenidas y conducidas a la cárcel del Buen Pastor, Victoria Ocampo, María Rosa Oliver y Susana Fernández Larguía empiezan a tener una actitud de fuerte confrontación hacia el peronismo. Jorge Luis Borges también era miembro de PEN por esos años. Mientras, y con apoyo del Centro PEN Argentino, desde Europa,. .Gabriela Mistral encabezó el pedido de liberación de los/as detenidos/as.
APU: Y con respecto a la última dictadura militar. ¿Qué nos puede decir de la actuación del Centro PEN dentro de esa coyuntura?
G.S.: En 1972 el PEN Club argentino cambió el nombre promovido desde el PEN Internacional porque sonaba muy elitista. A partir de entonces pasó a llamarse Centro PEN Argentina que hay que decir que hasta el 2016 estuvo como dormido. Hubo sí una tibia respuesta frente a la dictadura militar pero sinceramente no estuvo a la altura de lo que se esperaba de un espacio como este. Por ejemplo, en el caso del escritor Antonio Di Benedetto que fue detenido y torturado en 1976 se trabajó y escribió mucho desde el exterior pero no tanto desde aquí.
El Centro PEN Argentina hoy
APU: ¿Cómo llegás a presidir el Centro PEN Argentina?
G.S.: La escritora y periodista Luisa Valenzuela que apenas me conocía, es quien me convocó de una manera muy particular. Me preguntó, ¿cuántos libros escribiste? Le respondo que sólo tres, El honor de Dios. Mártires palotinos: la historia silenciada de un crimen impune (1996), Hasta los oídos de Dios. La Historia de los Sacerdotes para el Tercer Mundo (1999) y Un Ángel en la Botica (2013) junto a Horacio Annecca. Entonces me dice: ¡perfecto porque es lo que pide PEN para ser miembro! (risas). De esta manera y al poco tiempo de incorporamos, se llamó a elecciones después de un tiempo que no se hacían y con María Rosa Lojo, Ana María Shua y Claudia Piñeiro integramos una lista encabezada por Luisa como candidata a presidente y ganamos los comicios. Ocupé el cargo de tesorero, luego fui nombrado vice y desde 2019 presido el Centro PEN Argentina.
APU: ¿Cómo encararon esta nueva etapa y qué relación tienen con la actual gestión de Cultura en la Ciudad de Buenas Aires?
G.S.: Desde entonces, desarrollamos mucho trabajo con los presidentes de los Centros PEN de América Latina y con otros como el catalán con quienes tenemos una excelente relación .Y nos visitó dos veces el Director Ejecutivo de la institución Carlés Torner. Logramos así que se nos reconozca mucho, en el exterior sobre todo. En nuestro país puedo decir que somos de consulta y que tenemos un muy buen vínculo con el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires encabezado por Enrique Avogadro. En cuanto a Nación tuvimos un duro posicionamiento frente a los arbitrarios despidos en Biblioteca Nacional cuando se hizo el trabajo sucio antes que Alberto Manguel asumiera como director, quien además nos marginó de toda actividad institucional. Es más, Manguel quien hizo una desastrosa administración, nunca nos recibió mientras duró la presidencia de Luisa Valenzuela en PEN Argentina. Siendo que él como funcionario público, tenía la obligación de recibir a escritores/as y periodistas que tuvieran la necesidad de reunirse o consultarlo por alguna razón.
APU: Por otro lado, hoy la institución tiene un fuerte compromiso con los Derechos Humanos.
G.S.: De una manera más firme, desde hace cinco años bajo la presidencia de Luisa Valenzuela. Fue muy importante también entre otra gente muy comprometida en el tema, el aporte de quien fuera secretario, Miguel Gaya como activista. Por otra parte, durante todos estos años en que el Centro local no se ocupó de la defensa de los Derechos Humanos, PEN internacional fue creciendo en importancia en este campo. Por eso, me impresiona el valor de los directivos actuales Carlés Torner y Jennifer Clement que es una escritora muy reconocida norteamericana, que se plantan donde lo tienen que hacer. Por un lado, por el respaldo que les da pertenecer a PEN Internacional pero también, con un coraje personal que es digno de destacar y de tomar como ejemplo. Además, ellos estuvieron en Turquía, un país que PEN considera como la mayor cárcel a cielo abierto donde existen escritores/as y periodistas detenidos/as. Finalmente, quiero agregar que por estos días, PEN tiene un fuerte compromiso con la libertad de expresión, sobre todo en Asia, África y en algunos países de América Latina como Nicaragua encabezado por Gioconda Belli, Cuba y en Honduras también.