Nuestros fundadores

Manuel Galvez

El 7 de abril de 1930 se crea el PEN de Argentina, a instancias de Hermon Ould, secretario general de PEN Internacional, quien le había pedido al escritor argentino Manuel Gálvez, muy relacionado con figuras de la intelectualidad europea, que replicara en nuestro país, un club como el que ya existía en varios países de Europa. Entre sus postulados figuraba el de defender la libertad de expresión, y a quienes fueran perseguidos por sus ideas u opiniones volcadas en sus obras o trabajos literarios.
Por ese motivo, su primer presidente es el propio Manuel Gálvez,
teniendo como secretario a Eduardo Mallea. Pronto, muchos escritores comienzan a formar parte del mismo, y a lo largo de los años, pasan por su presidencia los nombres más importantes de la literatura argentina.

El escritor Manuel Gálvez nació en Paraná, Entre Ríos, el 18 de julio de 1882. Pertenecía a una familia acomodada e influyente, relacionada con el poder en la provincia de Santa Fe. Allí cursa sus primeros estudios, antes de trasladarse a Buenos Aires, donde estudia Derecho, aunque nunca se desempeñó como abogado; tampoco se interesó por la política como era tradición familiar. Su intención era escribir, y comienza con artículos en la revista “Ideas”, fundada por él mismo con Ricardo Olivera. Se dedicaban principalmente a la crítica literaria, con una retórica basada en un firme orgullo nacionalista, que hundía sus raíces en la pertenencia a una estirpe criolla provinciana descendiente de conquistadores españoles.

Fue considerado en su época una de las figuras más influyentes del panorama cultural argentino, ingresó en la Academia de Letras y fue miembro correspondiente de la Real Academia Española. En 1935 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura y fue candidateado al Premio Nobel tres veces. A pesar de esta trayectoria, es un escritor que permanece silenciado; su figura ha caído en el olvido a causa de sus posiciones extremas. Sin embargo, fue un raro caso de un escritor que viniendo de la oligarquía, fuera tan leído por los sectores populares de la época, debido a su lenguaje llano y ameno. Explotó en su obra la veta de la tradición ligada a las costumbres y formas de vida provincianas, lo que le dio cierta popularidad, o bien atrajo la simpatía de algunos sectores que respondían a ese nacionalismo incipiente, fogoneado por los que, en vez de ver posibilidades de progreso en la inmigración extranjera, la veían invasiva y la despreciaban. Algunos de sus temas de raigambre social, sobre todo, interesaron a los escritores del llamado grupo Boedo, por considerar que recuperaba la mejor tradición realista, pero su acercamiento a posturas francamente reaccionarias, hizo que esta influencia no prosperara más allá de los años veinte.

Manuel Gálvez tiene una obra muy extensa que abarca sus poemarios El enigma interior (1907) y Sendero de humildad (1909), su prosa El diario de Gabriel Quiroga (1910), perteneciente a ese género híbrido que tan bien manejó, mezcla de ficción narrativa y reflexión analítica, de carácter sumamente nacionalista y como homenaje a la patria en su centenario y El solar de la raza (1913) en la misma línea de postular un modelo de identidad nacional dentro de su firme convicción hispanista y de la religión católica. Según confiesa en sus memorias, en 1912 se había trazado el plan de describir, a un volumen por año, a la sociedad argentina de su tiempo, a imitación de Balzac o Pérez Galdós. El plan, muy ambicioso, abarcaba unas veinte novelas, agrupadas por trilogías que evocarían la vida provinciana, la vida porteña, el campo, el mundo intelectual, social, político, los negocios, la existencia obrera, y hasta el heroísmo en la guerra, ya sea contra el indio o contra el extranjero. El proyecto era monumental, pero, increíblemente, quedó casi completado a su muerte. Vale recordar también que escribió biografías de personajes tan disímiles como Rosas, Sarmiento, Quiroga, Yrigoyen, Ceferino Namuncurá, Napoleón y Perón. Con esto, su contribución al revisionismo histórico fue fundamental.
Debemos destacar sus novelas más celebradas La maestra normal (1914), El mal metafísico (1916), La sombra del convento (1917) y Nacha Regules (1919), las que pertenecen a su primera época narrativa. También podemos atravesar, con sus “novelas sociales”, los distintos momentos histórico-políticos del país, a través de La maestra normal (la oligarquía), Hombres en soledad (el radicalismo) y Tránsito Guzmán (el peronismo). Gálvez fue evolucionando en su escritura hacia la novela histórica desde una perspectiva didáctica, pero sus temas y argumentos constituyen un discurso ideológico ampliamente superado por una sociedad imbuida ya de espíritu cosmopolita, por lo que su nombre y su obra no influirá en las generaciones posteriores de autores argentinos.

Falleció en Buenos Aires el 14 de noviembre de 1962.

Autora: profesora Irma Carbia