ALFONSINA STORNI

Octubre es el mes de Alfonsina Storni. El 25 de este, en 1938, se arrojó al mar en Mar del Plata, dando fin a su vida.
Desde aquí, la recordamos como una mujer relacionada a PEN en sus comienzos. Miembro de la Comunidad de Escritores –primera y única por la época, que asistía a sus reuniones “como uno más” al decir de Giusti–, y del grupo Anaconda, al que pertenecía su amigo (y quizás amante, fue una relación muy extraña, propia de esas dos personalidades) Horacio Quiroga, asiste a reuniones y es fotografiada junto a hombres, muchas veces siendo la única mujer –hay una de estas fotos en los archivos de PEN– , lo que la visibiliza para un mundo machista, un mundo literario de hombres, bien enquistado. Llega a ser miembro de jurados en lugares en los que no había lugar para una mujer. Hoy podríamos verla como la primera feminista que hizo gala de ello, no solo con su obra, sino también con su misma vida.
Alfonsina había nacido en la Suiza natal de sus padres, en un viaje que estos hicieran en 1892, en Sala Capriasca, aldea del cantón italiano. Ya tenía dos hermanos argentinos, nacidos en San Juan, donde la familia estaba radicada. Regresaron al país en 1896, con Alfonsina de cuatro años y hablando italiano. Motivos poco felices, hicieron que la familia se trasladara a Rosario, y más tarde a Coronda, en la provincia de Santa Fe, donde ella finalmente se recibe de maestra rural. Había trabajado como mesera en un frustrado Café Suizo de su padre, como costurera junto a su madre, como maestra en escuelas no oficiales y hasta como cantante, y actriz –su gran vocación– en giras por el interior. Muy joven, comenzó a publicar poemas en Santa Fe. Pronto tuvo que trasladarse a Buenos Aires al quedar embarazada durante una relación con un hombre casado, quien no se hará cargo del niño y a quien ella dará su apellido y mantendrá sola y con enorme esfuerzo durante toda su vida. Una maestra soltera y con un hijo bastardo (Alejandro nace en 1912, poco antes de que Alfonsina cumpliera 21 años) hubiera sido inadmisible y más en un pueblo chico del interior.
Aquí publica en Mundo Argentino, donde lo hacían los más reconocidos poetas del país y algunos de Hispanoamérica. Conoce y frecuenta a Amado Nervo, Rubén Darío, Rodó, José Ingenieros (gran amigo e incluso médico personal más de una vez) y otros. Trabajó en notables publicaciones, ya sea a través de sus poemas, o como crítica, entre ellas Nosotros, Caras y Caretas, Atlántida y La Nación. Y fue una impulsora del voto femenino.
A pesar de todo, Alfonsina siempre escribió, y es autora de varios libros de poemas, La inquietud del rosal (1916), Ocre (1920), dentro de los de reminiscencias románticas, y, más adelante, y ya con claras inquietudes modernistas, lo que la colocó dentro de la vanguardia argentina, Mundo de siete pozos y Mascarilla y trébol (1938). También escribió algunas obras dramáticas de muy poco éxito y ninguna trascendencia.
Conoció en España a Federico García Lorca, quien le da el gran espaldarazo al considerarla dentro de los mejores escritores de la época, la primera mujer reconocida como tal. La crítica, en cambio, la hacía pasar bastante desapercibida; era poco convencional, fresca y diferente: la originalidad y la vanguardia suelen pagarse caras en el momento. Fue una mujer avanzada para su tiempo. Era inteligente, descarada, sensual, inconformista, valiente, le daba a la mujer el carácter de igualdad frente a los hombres… ¡y las mujeres no la leían y la consideraban inmoral! Los hombres se asustaban.
Pero no era feminista, en realidad, y, aunque se quiera, no se la puede adscribir a esos movimientos; Alfonsina iba por libre. No aleccionaba a las mujeres, no daba discursos para que la siguieran o se enrolaran en alguno. En sus poemas, hablaba de que la mujer vale lo mismo que el hombre, y si bien ella les suponía inteligencia y les daba el trato que merecían intelectualmente, quienes la rodeaban, no le seguían el ritmo. Poema tras poema, toda su vida fue una lucha contra su sociedad, su género y su ámbito. En sus libros abordó de manera casi subversiva, para su época, temas como la sexualidad femenina, los roles de género y la subordinación al hombre. En este sentido sí fue feminista: en su obra, como en su vida.
Es un referente para la poesía femenina hispanoamericana, sobre todo con su famoso poema “Tú me quieres Alba”, tan famoso quizás como “Hombres necios…” de sor Juana Inés de la Cruz. Americanas ambas, separadas por siglos y épocas tan dispares, dicen, al fin de cuentas, lo mismo…