RICARDO ROJAS

Por la Profesora Irma Carbia

Es uno de los más grandes valores positivos de la Literatura argentina del siglo XX.
Nació en Tucumán el 16 de septiembre de 1882. Por cuestiones relacionadas a la función pública de su padre, realizó sus primeros estudios en Santiago del Estero. A la muerte de este, la familia se trasladó a Buenos Aires, y Ricardo comenzó sus estudios de Abogacía, los que no concluyó, para dedicarse formalmente a las letras.
Su sentido nacional, sus dotes de investigador y su temperamento moderno, a través de su variada e importante obra, lo califican entre los grandes talentos de nuestra literatura, y su influencia en las nuevas generaciones de escritores argentinos, fue indudable y fecunda.
Escribió más de cuarenta libros, desde su monumental Historia de la Literatura Argentina, que abarca más de cuatro mil páginas en ocho volúmenes, hasta el famoso El Santo de la espada, conocida biografía novelada del gral. San Martín, pasando por El profeta de la pampa, vida de Sarmiento. También escribió otra obra famosa, Ollantay, pieza teatral, retomando una antigua leyenda incaica. No es la única obra de este género, pero sí la más representativa.
Fue también poeta, y pasó de la tradición romántica a una postura de vanguardia modernista donde abrevan títulos como La victoria del hombre, Lises de blasón, de lo más temprano de su producción literaria.
Sin embargo, su labor como ensayista es lo que merece más atención. El alma española (1907), La Restauración nacionalista (1909), La argentinidad (1916) y Eurindia (1924) son ejemplos más que representativos de su pensamiento y de la evolución de este. Tiene un ensayo El Cristo invisible (1928), que muestra, con claridad indudable, todas sus dudas e insatisfacción religiosa.
Ejerció el periodismo y la docencia como profesor de Literatura Castellana y profesor de la Universidad de Buenos Aires, donde creó la primera cátedra de Literatura Argentina. Fue Rector de esa casa de estudios entre 1926 y 1930. Su política estuvo basada “en la convicción de que es posible llevar a la masa social los conocimientos susceptibles de divulgación y de contribuir a la formación de una conciencia e identidad nacional”. Y si bien no egresó con título de grado de ella ni de ninguna otra, fue doctor “honoris causa” por la mayoría de las universidades de América. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura.
Fue un hombre de ideas liberales y democráticas, preocupado al mismo tiempo por la identidad nacional y el legado incaico, producto esto de sus años en Santiago y lo que significó la incipiente creación del NOA desde lo literario como valorización de los orígenes de nuestra identidad. Ricardo Rojas sitúa el “alma nacional, en la cultura popular tradicional y específicamente en el NOA” en el pasado. De alguna manera, asume la responsabilidad intelectual de una especie de intérprete del mestizaje en un viaje simbólico hacia el pasado histórico y hacia el inconsciente colectivo para recuperar significaciones profundas, en su criterio y que se halan justamente en el folclore.
Algunos intelectuales del Centenario (1910) intentan desplazar el folclore del criollismo pampeano tradicional hacia regiones más profundas, menos “contaminadas” por el flujo inmigratorio, y allí aparece el NOA como la región elegida, como la verdadera Argentina, y como oposición a Buenos Aires, calificada de europeizante y materialista. Pero también por su secularización y el avance del socialismo e incluso el anarquismo. Se intenta reivindicar la espiritualidad y el mestizaje con lo español como una visión idealizada del pasado colonial. Es en esta línea en la que se halla Ricardo Rojas.
En realidad, es una especie de lucha que se entabla entre las elites intelectuales del interior y la cosmopolita Buenos Aires de la Generación del 80 en adelante, y Ricardo Rojas va a asumir un rol clave entre los intelectuales del Estado que colaboran para forjar un discurso nacionalista. En sus textos, el NOA se presenta como un espacio casi simbólico, rico por su antigüedad cronológica, diversidad religiosa, producciones míticas y hasta eventos claves de la lucha por la emancipación de España. El Éxodo jujeño, las batallas de Salta y Tucumán libradas, y ganadas, por Belgrano, el Congreso de Tucumán, fundamentalmente, son hitos históricos que apoyan la teoría de un comienzo de la Argentina en la zona noroeste del país. Todo este pensamiento se halla de alguna manera en sintonía con postulados de la generación del 98 española y Miguel de Unamuno. Rojas señala que el Estado debe hacer una homogeneización simbólica del país mediante la educación nacionalista de las nuevas multitudes.
Con todo, el pensamiento de Rojas se destaca en el contexto eurocéntrico argentino, por su carácter disruptivo como algo valioso y atípico, lo que lo convierte en una instancia fundacional.
Ricardo Rojas murió en Buenos Aires el 29 de julio de 1957.